Este año, por fin, hemos podido continuar con las experiencias que hemos llevado a cabo desde nuestro Colegio Mayor. En esta ocasión hemos podido visitar Jerez (Cádiz), una ciudad que cuenta con una gran historia y que nos ha permitido conocer numerosos proyectos.  Aquí os dejamos tres reflexiones de varias de las colegiales que fueron:

En un ambiente de paz, respeto, escucha, amor, humor y sobre todo lleno de sorpresas; me encontré.  Personalmente aprendí la importancia de vivir en el presente, de amarse a uno mismo y de valorar y agradecer cada cosa; ya que eso te hace crecer en consciencia, voluntad y esperanza, que es el motor para el equilibrio, el esfuerzo y la constancia: las claves necesarias para vivir felizmente en paz. Esa solo es una de las reflexiones que extraje, pero entre todos sumamos decenas de ellas que al compartirlas pudimos contrastar y engendrar de nuevas. 

En una palabra; la experiencia en Jerez fue una oportunidad.
La convivencia con compañeros maravillosos, la visita de proyectos inspiradores y el encuentro con personas altruistas admirables; o el simple hecho de alejarnos de los estímulos que inundan nuestras vidas y no nos dejan pensar en silencio; fueron un detonador para el desarrollo tanto a nivel personal como espiritual, que sin duda recomiendo a todo aquel que se sienta perdido, poco motivado y sin un sentido vital.

En última instancia quería agradecer a la comunidad de Jesús-María por organizarlo, a Jerez por acogernos, a Eva y Mª Escarlata por guiarnos, a mis compañeros por el amor y las risas; y finalmente, a todas las personas que nos encontramos y decidieron compartir sus experiencias vitales con nosotros, ha sido todo un descubrimiento, que me ha marcado y que sin duda recordaré con mucha nostalgia (Julia Mateu).

 

He de decir, que mis primeras expectativas referentes a la convivencia, ya eran bastante altas cuando me lo propusieron en un principio, pero confirmo que han superado con diferencia a la pedazo de experiencia que hemos vivido en apenas 4 días. Desde las visitas a los colegios de Jesús-María, las casas de acogida de  Michel y el monasterio de la cartuja, hasta las dinámicas culturales por la preciosa ciudad de Jerez, nos han permitido convivir con un grupo increíble, conocernos más entre nosotros y sobre todo conocer más a Dios. 

Es impresionante como cada cual de una forma u otra entregaba su vida y su tiempo a los demás de forma tan generosa y sin recibir absolutamente nada a cambio. Me pareció increíble la fe y la confianza que cada una de estas personas depositaban en Dios, sin ni siquiera saber que les iba a deparar la vida. Y me fascinó la paz, la tranquilidad y la seguridad que transmitían en cada uno de sus testimonios de vida. Era evidente que eran felices viviendo de esa forma “por y para los demás, por y para Dios”. Estoy segura que todos hemos sacado algo transcendental de esta experiencia tan intensa, y llena de emociones y sensaciones que desconocíamos hasta el momento. Y como de una forma u otra nos ha abierto los ojos ante una realidad que parece inexistente, y que ahora más que nunca podemos y debemos visualizar más al resto. Personalmente, he vivido esta experiencia desde la fe, y desde la búsqueda vocacional orientada a Dios. 
Desde que empecé a plantearme mi futuro vocacional siempre me han perturbado miles de dudas, que hasta hoy me han acompañado, y que poco a poco con un poco de reflexión personal y apoyo en la comunidad, van tirando esos muros que asaltan nuestra mente. 
Esta experiencia ha tratado principalmente de eso. Nos han enseñado diferente puntos de vista desde los que se puede vivir la fe de forma muy adversa, aunque siempre desde una fuente común. Con más o menos tendencia a la iglesia, todos tenía el mismo objetivo: entregar la vida a ayudar al prójimo, ya fuera dentro de un monasterio orando, acogiendo a inmigrantes o a gente de la calle, enseñando en un aula, todos dirigían su mirada a este mismo punto. Por eso y por mucho más, me siento llena de amor, fe y esperanza, de encontrar ese camino que se me tiene guardado, y con la motivación suficiente de empezar esta búsqueda y compartir la experiencia de la fe con los demás (Eugenia Benavides).
En mi caso, la Experiencia a Jerez supuso un cambio en mi vida: aunque ya había ido a campamentos parecidos, ninguno me había ayudado tanto a nivel personal. Me dio un gran impulso para abrirme a los demás, valorar todo lo que tenemos y también me permitió darme cuenta de que los grandes cambios son los que realizan personas normales viviendo por y para los demás. Además, durante esos tres o cuatro días, conecté verdaderamente con lo profundo que hay en mí: cada uno de los que fuimos a esta experiencia compartimos momentos, reflexionamos, lloramos y reímos, siendo conscientes de que vivíamos algo único, lo que nos hizo volver con una ilusión, fuerza y alegría. El grupo que formamos fue sin duda otro regalo que nos dio la Providencia: aunque cada una de las personas que fuimos seamos muy diferentes entre nosotros compartimos esa búsqueda. Sin duda, recomiendo esta experiencia: da igual que el grupo con el que normalmente te relacionas no vaya, se crearán lazos con los que van mucho más fuertes incluso que con tus otros amigos, al fin y al cabo son vivencias, anécdotas y complicidad que os unirán siempre. No es suficiente con contarlo, hay que vivirlo (Alejandra Pilar Sánchez).