Todos los que aspiran a entrar en la Universidad española el curso próximo y que están disfrutando del que, posiblemente, será el verano más largo y disfrutón de su vida (el de 2º Bach), ven planear sobre su futuro la sombra de la “nota de corte”.

Esta nota de corte es una cifra numérica sacada de la media de las calificaciones de quienes solicitan acceder a una carrera universitaria concreta y marca la diferencia entre quien puede acceder a ella y quien no. No puedes controlarla; cambia (aunque sea en unas décimas) cada curso; no es igual en todas las Universidades…

La nota de corte es, así, para muchos (los que no llegan a ella) una frontera infranqueable; un paso prohibido; una propiedad privada. La nota de corte hace fracasar un sueño; frustra expectativas; y puede llevar a pensar que el esfuerzo no merece la pena.

Es bueno pensar estos días en las “notas de corte” de la vida, esas circunstancias que no podemos controlar y que determinan el rumbo de nuestra historia: la enfermedad que interrumpe nuestro proyecto vital; los “enchufes” que impiden acceder limpiamente a un empleo; los visados y requisitos para cruzar una frontera; los horarios de los servicios públicos; la discriminación de sexo en el trabajo…

Ante esas notas de corte nos sentimos frágiles, desvalidos, sin posibilidad de representar… Pero son tan reales y pueden ser tan dañinas que conviene tomar conciencia de ellas, principalmente para no colocarlas allí donde no es preciso; donde se convierten en una coartada para la discriminación o la exclusión; donde legitiman la existencia de “cotos privados”.

Las notas de corte de la vida nos interpelan como educadores para fortalecer el tesón y la resiliencia; para evitar las discriminaciones; para orientar en medio de la sensación de fracaso…

Es bueno alegrarse y celebrar que los que acceden a la Universidad están cada vez más cualificados, y que por eso suben las “notas de corte”; pero es mejor, todavía, no dejar en la cuneta de la educación, de la participación ciudadana, del acceso a un buen empleo etc., a aquellos para quienes la “nota de corte” dejó fuera.

Sólo así, todos vamos encontrando nuestro sitio en la vida; nos sentimos más comprometidos con la sociedad; vamos ganando en autoestima; queremos hacer más felices a los otros… Sólo así es posible ganar en paz y justicia para todos. Y de paz y justicia poco más hace falta decir en estos días.